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Reims predicted XI v Metz: Teddy Teuma sent on holiday for relegation playoffs

Vidas golpeadas y muy paralelas han sufrido este año Manchester United y Tottenham Hotspur, rivalizando ambos al póker, jugando al ‘todo o nada’ en la Europa League. Tras su decepcionante discurrir en la liga inglesa, los dos clubs ‘Big Six’, extrañamente vulnerables durante toda la temporada en la Premier, lo han fiado todo a tener éxito en la final europea de Bilbao, con lo mucho que eso ha dañado y ensuciado su imagen. Por eso, esta ‘noche inglesa’ en San Mamés va a ser un terrible desafío para ambos clubs, porque uno tendrá el asidero para salvarse con dinero y prestigio, pero el otro caerá en un vacío profundo. Tan grande será el premio para el vencedor, disputar la Champions League, como enorme la decepción para el derrotado, que quedará muy herido, preludio de una revolución necesaria y total.

La final europea de Bilbao promete ser melodramática en sus reacciones. Todas las emociones serán muy intensas sobre el césped de San Mamés, por la necesidad de éxito que apresa a los dos ‘grandes’ ingleses, y porque es un partido que lleva implícita la huida hacia adelante. Para el United, sería crédito para la labor del portugués Rúben Amorim, apresado entre la crisis institucional y económica de los ‘red devils’ en un tránsito especialmente difícil. Para los Spurs, se convertiría en una alegría muy esperada, después del descontento creciente de su afición durante dos años de muchos tumbos, en los que llegó a ilusionarse con el proyecto valiente de Ange Postecoglou, pero que han derivado en el desencanto y cierta desidia, con la excusa de las lesiones acumuladas.

Al Tottenham Hotspur, etiquetado desde hace años como los perdedores ‘spursy’, le urge salvar su pésimo año –el segundo del australiano Postecoglou– y esconderlo con un título, sabiendo que terminará con la puntuación más baja en la historia de los ‘lilywhites’ en la Premier, y con 25 derrotas en todas las competiciones. Si pierden, de poco habrá servido el gesto que ha tenido su sponsor, Nike, de vestir a la plantilla con un chándal especial para la fecha, con el empático e ilusionante lema del club impreso en el brazo, ‘To dare is to do’ (Atreverse es hacer), estímulo para su ánimo y energía en esta final de Bilbao. No ganan un título europeo desde 1984 y están marcados por esos 41 años de espera y aquella final perdida de la Champions League de 2019 frente al Liverpool (0-2). Para el Manchester United, su última derrota en Stamford Bridge, frente al Chelsea, supuso el octavo partido seguido sin ganar, otro horroroso dato para el club que preside Jim Ratcliffe, que presume de contar con más seguidores en el planeta.

Si hubo algo positivo para los Spurs en la derrota del viernes ante el Aston Villa fue el regreso de su capitán Son Heung-min. Tras las ausencias por lesión de Kulusevski, Maddison y Bergvall, los apremiados norlondinenses necesitan recuperar el liderazgo en el campo del coreano Son, imagen clara de amenaza, como el United la tendrá también con su capitán Bruno Fernandes. Para todos, la responsabilidad del momento es muy grande, y tal es la presión ambiental que sienten que el United decidió aislarse hasta el último momento y entrenarse en Carrington, para viajar ayer y evitar así las influencias de la tensa atmósfera que envuelve el enfrentamiento.

No es una final cualquiera, ya que el peso de ganar o perder tendrá mucha dimensión. Su resultado marcará el devenir y las decisiones inmediatas de los dos clubs

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